Es distinta la sorpresa de los perros si alternan un ojo blanco con uno negro. Todos los rasgos, por más mínimos que sean terminan por modificar el carácter de una manera profunda y definitiva. Los Curas calvos y de ojos saltones tienen un umbral muy bajo para su paciencia y una calma desconfiada, siempre en guardia. Los roedores con algunos pelos rojos en el cráneo prefieren siempre el helado de chocolate y tienen una manera única de emocionarse. Aplauden con los pies, a veces, otras, dan alaridos. Las narices frondozas en los irlandeses indican melancolía si usan boina y desidia si son calvos.
Los conejos, por supuesto, están en otro nivel de sabiduría y han sabido superar con creces todas estas especulaciones lombrosianas.

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