
Tenía dos ojos de disco viejo. De disco de vinilo negro, empetrolado y redondo giratorio tenía los ojos la chica que a los cinco me hacía temblar las muelas. Yo silbaba para que me viera, para que admirara mi pericia adulta, hacía la vertical y me hamacaba fuerte (desafiaba la muerte, pequeña, de ese entonces) en la terraza enrejada donde jugábamos juegos.
¿Qué habrá sido de la chica de ojos de vinilo negro, giratorio, que sabía la indiferencia de los párpados que bajan como martillos sentenciosos, de los labios que se ocupan con estudiado desprecio de los tragos de colores y los chicos deportistas, mientras al resto se nos estruja el hígado intentando develar el misterio de su indolencia, jugándonos la vida en las hamacas y la dignidad en acrobacias ridículas?
¡Qué triste!
El pelo del tenista es muy la posta.
jajajaja, ojo que si me clavo una vincha quedo entre el tenista y MArtin Fierro!
Qué hacés che! Tanto tiempo.
Bien, acá, diletando por la webesfera.